Llamado también el "Muro de la Vergüenza"
A medida que se escala cualquier cerro de Lima, las carencias de infraestructura se hacen evidentes ante la vista. Al comenzar el ascenso, sea un automóvil o un moto taxi, se ven casas construidas con material noble, rodeadas de pistas y veredas. Más arriba, están hechas de madera, y las pistas comienzan a escasear.
Luego, en lo más alto, hay viviendas de madera y cartón. Aunque hay escaleras de cemento para trasladarse, en algunas zonas no hay pista ni vereda. Sola hay caminos de trocha, que cuando se producen lloviznas, junto a la habitual humedad, se convierte en barro. Y como todo asentamiento humano carecen de agua potable y electricidad.
Se observa la separación de los ricos y los pobres.
El muro de la vergüenza denominada así por los pobladores de pamplona tiene una extensión de casi más diez kilómetros con una altura de 3 metros cubierto con alambres de púas.
En tanto las diferencias del otro lado del muro son abismales: las casas no sólo de material muy especial, sino que llegan a tener varios pisos, con jardines y piscinas. Varias parecen ser castillos que uno podría encontrar en un país industrializado, como Estados Unidos o Suiza.
Sim embargo el acceso es complicado y no porque haya trocha: las pistas sobran. Toda la zona de Las casuarinas está cerrada, y en la puerta principal hay un guachiman que es inquisidor con los que pretenden entrar.
No hay veredas: los propietarios solo se desplazan en sus 4x4. Gente que ves caminando son los empleados o las sirvientas. Y después, al mirar a lo alto del cerro, notamos que las casas de las casuarinas no llegan allí, y que están rodeadas de muros que no son el que vimos en vista hermosa. En realidad, no es un muro, sino varios.



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