Se estima que las féminas dedican más del doble de su tiempo al trabajo doméstico que los varones.
Si dejaran ese trabajo de cuidado no remunerado de lado, si dejaran de tener hijos a temprana edad, alimentarlos y convertirlos en seres humanos productivos y creativos, no habría fuerza laboral y la economía mundial se detendría.
Se podría pensar que dada esta contribución extraordinaria a nuestras economías y sociedades, ellas serían recompensadas adecuadamente.
Lo contrario es cierto. A nivel mundial siguen siendo relegadas a un grupo limitado de ocupaciones de bajo nivel, trabajos que no son lo suficientemente valorados y que reflejan el trabajo no
remunerado que realizan en el hogar.

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